Organismos de derechos humanos, agrupaciones y miles de familias protagonizaron una masiva movilización este 24 de marzo, con fuertes consignas por verdad, justicia y la apertura de archivos sobre los desaparecidos.
La Plaza de Mayo volvió a ser el epicentro de una de las jornadas más significativas de la historia argentina reciente. Al cumplirse 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, una multitud colmó no solo la plaza sino también sus alrededores, en una movilización que se extendió durante toda la jornada y reunió a miles de personas provenientes de distintos puntos del país.
Desde temprano, cerca de las 11 de la mañana, comenzaron a llegar columnas de manifestantes por la Avenida de Mayo y las diagonales Norte y Sur. Con el correr de las horas, el flujo de gente fue constante, generando una concentración dinámica en la que miles ingresaban y otros tantos se retiraban, haciendo difícil dimensionar la verdadera magnitud de la convocatoria.
Para el inicio del acto central, previsto a las 16.30, la Plaza de Mayo ya estaba completamente colmada. No había espacio libre en sus inmediaciones y la Avenida de Mayo se transformó en un verdadero “hormiguero humano”, con personas avanzando al ritmo que imponía la multitud. Tampoco había lugar en veredas ni bares, donde largas filas evidenciaban la masividad del evento.
El acto principal incluyó la lectura de un documento consensuado por organismos de derechos humanos y distintas organizaciones, en el que se reiteraron reclamos históricos: saber el destino de los desaparecidos, exigir la apertura de archivos oficiales y reafirmar el compromiso social de que el terrorismo de Estado no vuelva a repetirse.
A lo largo de la jornada, las consignas se hicieron escuchar con fuerza: “¿Dónde están los desaparecidos?”, “30.000 compañeros desaparecidos presentes, ahora y siempre” y “Nunca Más” fueron algunas de las frases más repetidas. También se escucharon cánticos y expresiones políticas, en un clima cargado de memoria, emoción y reivindicación.
Uno de los momentos más conmovedores se vivió con el paso de la extensa bandera azul con los rostros de los desaparecidos, que atraviesa cada año la movilización. Su aparición generó un silencio profundo entre los presentes, seguido por aplausos y cánticos que estremecieron la escena. A su alrededor, familiares y asistentes llevaban colgadas al cuello fotos en blanco y negro de sus seres queridos, detenidas en el tiempo.
La jornada también estuvo marcada por una fuerte presencia de nuevas generaciones. Niños, niñas y adolescentes participaron junto a sus familias, muchos de ellos con pañuelos blancos dibujados o pancartas confeccionadas en escuelas, reflejando cómo el ejercicio de la memoria se transmite de generación en generación.
Distintas organizaciones y espacios políticos se movilizaron desde diversos puntos de la ciudad. Hubo concentraciones previas y columnas que avanzaron hacia la Plaza de Mayo desde distintos sectores, en algunos casos con recorridos simbólicos que incluyeron sitios vinculados a la memoria histórica.
Cerca de las 18, tras finalizar el acto central, comenzó la desconcentración. Sin embargo, el espíritu de la jornada continuó en las calles, con personas que se retiraban con banderas en alto, pancartas visibles y un clima de reflexión y compromiso.
El cierre de la movilización dejó en claro que, a medio siglo del golpe, la memoria sigue vigente y moviliza a miles. Con las consignas intactas y el reclamo aún abierto, la sociedad volvió a decir presente en una fecha que interpela al pasado, pero también al futuro: para que el terrorismo de Estado no se repita nunca más.




