Caso Lanatta – Schillaci: ¿cómo fue el secuestro del ingeniero en la triple fuga?

Caso Lanatta – Schillaci: ¿cómo fue el secuestro del ingeniero en la triple fuga?

El secuestro de Juan Ignacio R. (31), el ingeniero agrónomo que fue privado de su libertad el 7 de enero del 2016, cuando se conoció que los Lanatta y Schillaci estaban en la zona rural de Matilde, a 45 kilómetros de Santa Fe, fue quizás uno de los episodios que más intriga causó en el histórico raid criminal que culminó en Cayastá tres días después.

El muchacho nunca habló con la prensa. Tampoco lo hizo nadie de su  entorno y aún menos los investigadores del caso. A pesar de que infinidad de periodistas lo contactaron o intentaron hacerlo, nadie logró hablar con el muchacho y saber cómo fue aquel misterioso episodio que tuvo su inicio cuando Cristian y Martín Lanatta junto con  Víctor Schillaci se tirotearon con la Gendarmería fuera de una tapera.

Los mismos se fugaron del penal de General Alvear (provincia de Buenos Aires) el 27 de diciembre del 2015 y por ese hecho, el pasado 1 de octubre en el Tribunal Oral en lo Criminal de La Plata, los tres forajidos terminaron condenados a siete años y seis meses de prisión.

Ahora los tres célebres exprófugos deberán afrontar en dos juicios orales y públicos las causas que se le formaron en Santa Fe, de las cuales una de ellas, la que se tramita en la Justicia provincial, tienen como imputados a los Lanatta y Schillaci por haber secuestrado a ingeniero aquel caluroso 7 de enero del 2016.

Los Lanatta y Schillaci fueron buscados en Recreo por fuerzas nacionales y provinciales, luego se supo que escapaban por ruta Provincial Nº1 en la camioneta del Ingeniero

Noticia de un secuestro

Sobre el secuestro, UNO Santa Fe logró tener acceso a la declaración del muchacho oriundo de la provincia de Córdoba que en ese entonces se encontraba en Santa Fe efectuando trabajos para la empresa Bayer S.A., sobre un campo de la zona rural donde también estaban los prófugos.

“El día jueves me dirijo al campo mencionado en la camioneta de la empresa. Eran alrededor de las 9, cuando antes de bajar de la camioneta con la cual me encontraba dentro del campo, comienzo a mirar una planilla de evaluación y siento una frenada. Al levantar la vista veo una camioneta marca Citroën Berlingo tipo furgón, de color blanca, la cual estaba en diagonal hacia mí. Se me acercan tres masculinos de los cuales yo vi dos armados únicamente, uno de ellos tenía chaleco antibalas de color verde y el arma que tenía era de gran tamaño. Otro tenía un chaleco antibala color azul”, relató el muchacho a los investigadores del caso.

“Yo abro la puerta y levanto las manos. Uno me empuja hacia el lado del acompañante y me preguntaban si yo era policía o era gendarme. Le contesté que era un ingeniero que trabajaba en el campo. Se encontraban exaltados”, señaló.

Fue subido nuevamente a la VW Amarok blanca y trasladado hacia la zona de la ruta 19. Con miedo y sin entender que estaba sucediendo, el ingeniero junto con los prófugos llegaron hasta la autovía. Allí los convictos le preguntaron dónde quedaba Santa Fe a lo que el muchacho le dijo, con mucho temor, que era en dirección este.

“Tomamos la autovía 19 mano a Santa Fe. Me decían que me asegure que no haya un peaje ni control policial porque se pudría todo. Les dije que en Frank había un peaje, a 5 kilómetros de donde estábamos y se tira a pasar por el medio de la autovía. Llegamos a una rotonda y cambió -el conductor- de sentido de circulación tomando la mano hacia San Francisco”, declaró a la Policía de Investigaciones (PDI).

La dirección del camino volvió a cambiar luego de que el conductor, al cual el ingeniero desconocía, giró en dirección a la localidad de Pilar. A una velocidad muy alta, cerca de 170 kilómetros por hora, llegaron a dicha localidad y luego arribaron a Nueva Torino. Posteriormente tomaron la ruta Nº 70 y fueron hasta Esperanza, para luego llegar a Recreo, salteando algunos tramos por caminos rurales y así no ser advertidos.

Los fugitivos constantemente le preguntaban cómo llegaban a su casa (en Santa Fe) y por ello lo obligaron a que ponga en funcionamiento el GPS que se encontraba en la camioneta, para así lograr llegar al departamento del muchacho.

En cuestión de minutos ingresaron a la capital provincial por “una avenida que estaba en construcción” y luego de unas cuadras terminaron en una estación de servicios de la avenida Aristobulo del Valle. Luego, el secuestrado se ubicó y fueron hasta su departamento.

Las horas contadas

Los prófugos estacionaron la camioneta afuera del departamento del ingeniero en el centro santafesino. Luego se dirigieron a la cochera donde el muchacho guardaba el vehículo, en calle 9 de Julio al 2500. “Una vez que llegamos abre el portón a través de un control remoto e ingresamos”, contó.

Los sujetos, a los cuales la víctima no sabía quiénes eran, se cambiaron de ropa dentro en la cochera y luego volvieron a subir a la camioneta para dirigirse nuevamente hacia el departamento de calle San Jeronimo al 3000, casi Suipacha. Allí, el ingeniero fue llevado hasta la vivienda. En el interior, los prófugos lo obligaron a quedarse “suelto” en su pieza. Luego le exigieron contestar los mensajes que le habían llegado a su teléfono celular.

“Me hicieron contestar pero que tenga cuidado lo que diga. Luego prendieron el televisor, pusieron las noticias y veo que hablaban en las noticias de San Agustín, Frank, Matilde. Uno de ellos tenía una cicatriz en la cabeza. Me preguntan, señalándome el mapa, dónde quedaban esos lugares de los que hablaban en televisión”, dijo el muchacho en su declaración a la fuerza.

“Siempre escuchaba murmullo entre ellos. Lo que escuché todo el tiempo es el televisor”

“Mientras pasaba todo eso llega Víctor (Lanatta), de quien fue el único que supe su nombre. Llegó con mis anteojos puestos, bolsas de comida, había ensaladas de fruta, bebidas. Se me acerca y me da un sandwich de milanesa, me da jugo pero yo no tenía ganas. Tenía mucho miedo porque el que estaba pelado tenía un arma”, agregó.

El ingeniero también explicó que los hombres le preguntaban si sabía dónde quedaba una librería cerca del departamento, lo cual avala aún más la hipótesis de la Fiscalía del caso – a cargo de Estanislao Giavedoni- que indicó que los convictos compraron elementos para camuflar la camioneta de la víctima con insignias de Gendarmería. De hecho, esa misma camioneta fue la que se encontró tumbada en la zona de Campo del Medio, en cercanías a Cayastá, cuando fue detenido Martín Lanatta

“Siempre escuchaba murmullo entre ellos. Lo que escuché todo el tiempo es el televisor. Ellos me trajeron mi teléfono celular cada vez que me llamaban”, relató el muchacho oriundo de Córdoba. “Me hicieron llamar a mi viejo para que tenga una charla común y no levantar sospechas y después me hicieron contestar todos los mensajes que me llegaban”, destacó.

La huida

Los recuerdos del muchacho secuestrado indicaron a los investigadores que el día viernes 8 de enero, los prófugos en horas de la mañana le preguntaron si debía realizar tareas laborales. “Les dije que uno de los que me llamó la noche anterior me había invitado a ver un ensayo a Las Rosas. Me dijeron que le conteste que no iba a poder ir”, detalló. “Estuve todo el tiempo en la pieza. Por la tarde escuché ruidos de cartón y cosas así”, explicó.

Según lo aportado en su declaración, los investigadores pudieron constatar que los Lanatta y Schillaci se habrían duchado y luego cortado el pelo ese mismo viernes en el departamento de San Jeronimo al 3000.

Cuando llegó la noche, uno de los prófugos entró a la pieza donde estaba privado de su libertad el ingeniero y lo ató de manos y pies.

“Víctor me dijo que me ataban porque necesitaban un tiempo y distancia. Que no haga ninguna boludez y que él iba a hablar con mi viejo para que me desatara él”, recordó.

Finalmente, cuando los tres se retiraron del lugar, la víctima sintió la puerta de entrada al departamento. “Cierran con llave, luego vuelve el de la cicatriz solo y me pone una mordaza de color roja en la boca. Escuché un rato más ruido y después dejé de escucharlos, no hice nada, no me moví por miedo a que me haga algo. Supongo que se habrán ido a la medianoche más o menos (de ese viernes). Al televisor lo dejaron prendido”, concluyó.

fuente: UNOSantaFe

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