Cathia iba a la escuela, hacía una vida normal y siempre estuvo rodeada de muchos amigos. Pero todo cambió y hace siete meses la vida de Cathia es un verdadero calvario. Hoy la joven tiene 20 años y sus momentos alegres de la secundaria, el compartir charlas con amigos en un parque y el caminar libre por la calle se transformaron en un verdadero suplicio desde la recepción de la joven cuando terminó la secundaria.

Hoy es víctima de violencia de género y desde el festejo por su colación un hombre no para de acosarla. Hace siete meses sufre un tormento psicológico y físico constante de una mente perversa que tiene como verdadero objetivo no dejarla en paz. Tal es así que la joven intentó quitarse la vida y vive encerrada en su casa en un estado de depresión que crece.

Su gran aliada, quien lucha para que esta situación se revierta, es Carolina. La madre de la joven explicóque ya “se agotaron las instancias de lucha y los problemas y las amenazas siguen”.

“Cuando mi hija terminó la escuela es cuando empezó todo. Este joven que la acosa fue a la recepción invitado por otro. El no era compañero de mi hija e iba a otro curso”, destacó la madre.

Según se pudo saber, primero le mandaba mensajes para invitarla a salir y como mi hija se negaba la cuestión se fue complicando. Primero, amenazaba a mi hija, después entraba a las redes sociales de Chatia y amenazaba a sus amigas y a las docentes. No conforme con eso, el agresor comenzó a realizar cuentas falsas en redes sociales para seguir atacando a la joven.

La primera denuncia y una complicación mayor

Fue Carolina quien decidió realizar la denuncia tras las primeras amenazas. Es ahí cuando se dispuso una medida perimetral del agresor a la joven y además se le brindó un botón antipánico para que la joven lo accione en caso que sea necesario.

Una tarde, cuando Cathia volvía a su casa, un auto la atropelló y cayó sobre la vereda. Del vehículo se bajaron dos personas y mediante amenazas obligaron a la víctima a que retire todo tipo de denuncia sobre el agresor.

La cuestión no terminó ahí. En otra ocasión, Cathia fue abordada por dos mujeres dentro de la escuela donde iba y nuevamente fue amenazada y golpeada por dos alumnos del establecimiento. La joven en un momento logró zafarse y pudo correr hasta el aula donde tenía el botón antipánico y pudo accionarlo para recibir ayuda de la policía.

“Mi hija viven encerrada. Toda su vida transcurre dentro de mi casa. Todo porque tuvo la mala suerte que un loco sienta atracción por ella.”, afirma Carolina.

“Una vez intentó quitarse la vida. Entré a su pieza y la vi casi muerta. Cuando le consulté por qué había hecho eso me dijo que estaba cansada y antes de vivir como vive prefería quedarse dormida”, destacó.

Fuente: www.lt10.com.ar

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