En su primera celebración pascual, el Pontífice evitó mencionar conflictos puntuales y llamó al diálogo, la concordia y a no ser indiferentes ante el sufrimiento global.
En su primer mensaje de Pascua desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el papa León XIV lanzó un contundente llamado a la paz mundial, instando a quienes tienen poder a frenar la violencia y apostar por el diálogo.
“¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!”, expresó ante más de 50 mil fieles reunidos en la plaza, en una jornada marcada por un mensaje profundamente espiritual y con sello propio.
A diferencia de sus predecesores —como Francisco—, el nuevo Pontífice evitó hacer un repaso de los conflictos internacionales, aunque hizo referencia a un mundo atravesado por guerras, injusticias y sufrimiento. En ese contexto, insistió en la necesidad de una paz “no impuesta por la fuerza, sino construida mediante el diálogo”.
Durante la misa pascual, León XIV reflexionó sobre el significado de la resurrección de Cristo como símbolo de esperanza en medio de un escenario global complejo. “La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes”, advirtió, al tiempo que llamó a “ensanchar el corazón” frente a la adversidad.
El Papa también retomó conceptos de la exhortación apostólica Evangelii gaudium, recordando que incluso en medio de la oscuridad “siempre comienza a brotar algo nuevo”.
En otro gesto que sorprendió a los fieles, convocó a una vigilia de oración por la paz que se celebrará el próximo 11 de abril en el Vaticano, reforzando su mensaje de unidad y espiritualidad.
Durante la tradicional bendición “urbi et orbi”, León XIV reiteró su llamado a dejar de lado la indiferencia: “No podemos seguir siendo indiferentes. No podemos resignarnos al mal”, sostuvo, aludiendo a una “globalización de la indiferencia”, concepto también impulsado por Francisco.
Finalmente, el Pontífice impartió su bendición al mundo y saludó a los fieles en diez idiomas, retomando una tradición de sus antecesores como Benedicto XVI y Juan Pablo II, en un cierre marcado por el llamado a la esperanza: “Sólo Él hace nuevas todas las cosas. ¡Felices Pascuas!”.




